Hoy es mi cumpleaños



Hoy es mi cumpleaños.
Hoy es uno de esos días que uno cree que tienen que ser especiales. El día en el que uno cumple años, debe de ser un día especial, sobre todo para uno mismo. La mayoría de las veces pensamos que son los demás los que tienen que hacer que este día sea especial. Con el paso del tiempo, y de los años, te das cuenta que esa heroicidad te corresponde a ti, y que no puedes delegar esta tarea en otros. Tú tienes que ser el que consigas que este día sea importante para ti.
Con estos pensamientos iba por la calle cuando a mi lado apareció un edificio que me llamó la atención. Era un edificio tipo modernista, es decir, un edificio antiguo que se le había hecho un lifting porque no se sabía qué hacer con él. Este edificio era un bar. Entré en él pensando “Bueno, ya que nunca he entrando aquí , hoy puede ser un buen día para hacer algo distinto”.
Estaba solo en todo el establecimiento. Me fui a la barra y me pedí una copa de vino. Mirando el vino, su color tinto oscuro y sus reflejos rojos, mi mente empezó a saltar y divagar de un lado a otro. Cuando eres joven deseas cumplir años. Cuando estas en la madurez miras con asombro los años que vas cumpliendo. Y cuando estás en la vejez, odias cumplir años de una forma tan rápida y cruel. Y me estaba preguntando cómo lo veía yo , para saber en qué edad estaba, cuando mis amigos empezaron a aparecer. Mis amigos muertos, los que ya no volverán a cumplir conmigo nada. Con los que ya no celebraremos nada. Alfonso, Cele, ...Todos ellos , los que siempre están conmigo, aunque ya no estén para nadie. Ah! y a los que no he vuelto a ver más. Todos los amigos que no sé si han muerto, pero ya no he vuelto a ver más, y no se si los veré. Es verdad. La muerte no es sólo algo físico. La soledad de los amigos es también muerte.
Y enfrascado en estos pensamientos barrocos, apareció una pareja por la puerta del bar. Entraron en tropel, riéndose, y cuando atravesaron la puerta se callaron, miraron alrededor, asombrados por la decoración, y siguieron riéndose.
Él me recordó a mi hijo mayor. Gallardo, moreno, fuerte, con ojos sinceros y ademanes corteses. Ella se parecía mucho a su novia. Menuda, fresca, rubia, segura de sí misma y de lo que quiere. Era una pareja que irradiaba energía.
Al momento todo cambió. El bar melifluo y modernista se convirtió en un Bauhaus de la modernidad. Las sombras que tenía a mi alrededor se fueron difuminando hasta desaparecer. El tinto fuerte y con color a sangre se fue convirtiendo en el néctar de los atlantes, en un licor que te hace saltar de la silla, y pensar en grandes hazañas. Vivir intensamente es la única forma de vivir.
Despertando de mi letargo, me fui alejando del bar. Todos los años me pasa lo mismo. Cuantos más años cumplo, menos se quien soy, y más quiero ser cada año.
Hoy es mi cumpleaños.

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