Una mañana de sábado
Esta mañana era una mañana de sábado como otra cualquiera. Como otra cualquiera no, me equivoco. Ayer viernes fue fiesta. Eso hace que este sábado además sea una especie de pseudo puente. Algo más que un sábado.
Tenía que recoger en Correos unas cartas certificadas y enviar un sobre por el mismo conducto. Hay cosas que ene este mundo tan glogal y digitalizado no cambian, y creo que las cartas certificadas son uno de ellos.
Tenía que hacer unas fotocopias para introducir en el sobre que tenía que enviar. Era sábado, y me daba tiempo comprar todo ello y acercarme a enviar el certificado. Eso creía yo, pero cuando me puse a recorrer el barrio buscando una papelería me quedé muy sorprendido. Todas estaban cerradas. No había niguna abierta. Todas ponían en sus puertas que sólo abrían de lunes a viernes. Di por supuesto que daba lo mismo que el viernes fuese fiesta. El sábado no era día de abrir.
Andando por la calle no sabía lo que hacer. Le pregunté a una mujer que pasaba con su hija de unos diez años. Pensé que con una niña de esa edad debería de saber dónde habría una papelería. La señora muy amable, después de pensarlo un poco me indicó la dirección de una tienda a unas tres calles de allí, en un calle pequeña. Fui hasta alli, pero también estaba cerrada.
Ya desesperado , decidí dejar lo que tenía que hacer en Correos hasta el lunes. Bueno, ya buscaría un hueco en el trabajo. No me gustaba , pero no veía otra solución.
Camino ya del coche vi una tienda de móviles y carcasas .Me atendió un hombre, que por su acento me pareció argentino. Me dijo que en la tienda de al lado había un locutorio y que allí me hacían fotocopias. Me pareció extraño pero entré.
Una mujer, al parecer musulmana, ya que se tapaba la cabeza un con un pañuelo, me atendió. Me dijo que sí hacían fotocopias. Mientras las hacía, una mujer con rasgos asiáticos, ya creo que era filipina, le preguntó por la longitud de un cable para conectar el ordenador a Internet. La dependienta le comentó que el cable era de 5 metros y que si le era suficiente. La cliente le dijo que sí, y que era la segunda vez que lo compraba. Por lo visto el perro se dedicaba a morder el cable. La mujer comentó que lo necesitaba para el domingo, que era el único día que tenía libre y que necesitaba internet para jugar y conectar con su familia.
La dependiente la miró y le comentó:
-¿Y por qué no conectas el wifi? Si tiene un portátil es lo mejor. Y no necesitas comprar más cable.
-No sé - respondió la cliente asiática- Mis hijos no me echan cuenta y yo no sé de esto.
-Es fácil -le dijo la dependienta musulmana- Lo activas en el portátil, buscas tu conexión y le pones la contraseña que está en aparato de teléfonos.
-No sé, parece fácil. Bueno lo voy a intentar. Los niños no sirven para nada. Si no lo hace una no se hace. Gracias.
Yo en ese momento, cogí mis fotocopias, pagué y salí de la tienda. Las dos mujeres siguieron hablando, pero ya no pude seguir la conversación.
Camino de nuevo de Correos empecé a pensar en lo que había visto. Era una conversación de lo más normal excepto que me habían cambiado los personajes. La mujer musulmana, trabajando una sábado , con una mujer asiática, que había salido un momento de su trabajo para comprar un cable para la conexión de internet. No, me volvía a equivocar. Esos eran los nuevos personajes. Eso era lo que hay y lo que habrá. Los "actores normales" que yo esperaba estaban de fiesta. Descansando de la crisis.
Menos mal que hay personas que están trabajando y que me permiten comprar cosas que necesito. Gracias a ella mi vida es más fácil, El resto no me interesa. Y ojalá haya más personas de estas.
Cuando llego a Correos veo un letrero en el dispensador de números, que me llama la atención: "Sólo hay números hasta las 12:30". A partir de esa hora no atendemos". Miro el reloj y suspiro. Son las 12 y 20 minutos. Me he salvado por diez minutos. Cojo mi número y me pongo a esperar.
Le pregunto a un hombre que estaba esperando como yo, sobre lo de las 12 y media. Estaba con su mujer y un hijo. Me comenta que atienden hasta la una de la mañana, y aunque tienen que cerrar a las 2 así tienen tiempo de cerrar.
No voy a pensar en nada. Ni merece la pena pensar en éso. No tiene sentido. Pero hoy día poco lo tiene. No sé si es por el aire. Pero seguro que estas personas en otro país trabajarían y atenderían al público hasta última hora. En el tiempo que estuve esperando unas diez personas entraron y tuvieron que irse. Y la verdad, la vida de cada uno es un mundo. Una mujer tenía que pagar el recibo de la luz ese mismo sábado porque se la cortaban. Otro tenía que enviar dinero a un pueblo de Tenerife antes de las dos. Ene se pueblo estaba su hijo sin dinero, no había banco y correos cerraba a las dos de la tarde. Bueno, esto es lo que hay,
Menos mal que hay personas que piensan que trabajar no es malo, y que no pasa nada por trabajar, aunque sea un sábado después de un viernes de fiesta.
Tenía que recoger en Correos unas cartas certificadas y enviar un sobre por el mismo conducto. Hay cosas que ene este mundo tan glogal y digitalizado no cambian, y creo que las cartas certificadas son uno de ellos.
Tenía que hacer unas fotocopias para introducir en el sobre que tenía que enviar. Era sábado, y me daba tiempo comprar todo ello y acercarme a enviar el certificado. Eso creía yo, pero cuando me puse a recorrer el barrio buscando una papelería me quedé muy sorprendido. Todas estaban cerradas. No había niguna abierta. Todas ponían en sus puertas que sólo abrían de lunes a viernes. Di por supuesto que daba lo mismo que el viernes fuese fiesta. El sábado no era día de abrir.
Andando por la calle no sabía lo que hacer. Le pregunté a una mujer que pasaba con su hija de unos diez años. Pensé que con una niña de esa edad debería de saber dónde habría una papelería. La señora muy amable, después de pensarlo un poco me indicó la dirección de una tienda a unas tres calles de allí, en un calle pequeña. Fui hasta alli, pero también estaba cerrada.
Ya desesperado , decidí dejar lo que tenía que hacer en Correos hasta el lunes. Bueno, ya buscaría un hueco en el trabajo. No me gustaba , pero no veía otra solución.
Camino ya del coche vi una tienda de móviles y carcasas .Me atendió un hombre, que por su acento me pareció argentino. Me dijo que en la tienda de al lado había un locutorio y que allí me hacían fotocopias. Me pareció extraño pero entré.
Una mujer, al parecer musulmana, ya que se tapaba la cabeza un con un pañuelo, me atendió. Me dijo que sí hacían fotocopias. Mientras las hacía, una mujer con rasgos asiáticos, ya creo que era filipina, le preguntó por la longitud de un cable para conectar el ordenador a Internet. La dependienta le comentó que el cable era de 5 metros y que si le era suficiente. La cliente le dijo que sí, y que era la segunda vez que lo compraba. Por lo visto el perro se dedicaba a morder el cable. La mujer comentó que lo necesitaba para el domingo, que era el único día que tenía libre y que necesitaba internet para jugar y conectar con su familia.
La dependiente la miró y le comentó:
-¿Y por qué no conectas el wifi? Si tiene un portátil es lo mejor. Y no necesitas comprar más cable.
-No sé - respondió la cliente asiática- Mis hijos no me echan cuenta y yo no sé de esto.
-Es fácil -le dijo la dependienta musulmana- Lo activas en el portátil, buscas tu conexión y le pones la contraseña que está en aparato de teléfonos.
-No sé, parece fácil. Bueno lo voy a intentar. Los niños no sirven para nada. Si no lo hace una no se hace. Gracias.
Yo en ese momento, cogí mis fotocopias, pagué y salí de la tienda. Las dos mujeres siguieron hablando, pero ya no pude seguir la conversación.
Camino de nuevo de Correos empecé a pensar en lo que había visto. Era una conversación de lo más normal excepto que me habían cambiado los personajes. La mujer musulmana, trabajando una sábado , con una mujer asiática, que había salido un momento de su trabajo para comprar un cable para la conexión de internet. No, me volvía a equivocar. Esos eran los nuevos personajes. Eso era lo que hay y lo que habrá. Los "actores normales" que yo esperaba estaban de fiesta. Descansando de la crisis.
Menos mal que hay personas que están trabajando y que me permiten comprar cosas que necesito. Gracias a ella mi vida es más fácil, El resto no me interesa. Y ojalá haya más personas de estas.
Cuando llego a Correos veo un letrero en el dispensador de números, que me llama la atención: "Sólo hay números hasta las 12:30". A partir de esa hora no atendemos". Miro el reloj y suspiro. Son las 12 y 20 minutos. Me he salvado por diez minutos. Cojo mi número y me pongo a esperar.
Le pregunto a un hombre que estaba esperando como yo, sobre lo de las 12 y media. Estaba con su mujer y un hijo. Me comenta que atienden hasta la una de la mañana, y aunque tienen que cerrar a las 2 así tienen tiempo de cerrar.
No voy a pensar en nada. Ni merece la pena pensar en éso. No tiene sentido. Pero hoy día poco lo tiene. No sé si es por el aire. Pero seguro que estas personas en otro país trabajarían y atenderían al público hasta última hora. En el tiempo que estuve esperando unas diez personas entraron y tuvieron que irse. Y la verdad, la vida de cada uno es un mundo. Una mujer tenía que pagar el recibo de la luz ese mismo sábado porque se la cortaban. Otro tenía que enviar dinero a un pueblo de Tenerife antes de las dos. Ene se pueblo estaba su hijo sin dinero, no había banco y correos cerraba a las dos de la tarde. Bueno, esto es lo que hay,
Menos mal que hay personas que piensan que trabajar no es malo, y que no pasa nada por trabajar, aunque sea un sábado después de un viernes de fiesta.
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